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Han sido varias las personalidades románticas que han pasado por Sintra. Desde la Literatura a la Música, la villa de Sintra ha inspirado a varias figuras y deslumbrado a tantas otras con su atmósfera mística y envolvente. Grandes figuras de la cultura romántica nacional e internacional que, no sólo han dejado su huella en Sintra, sino que han dejado la huella de Sintra en sus testimonios culturales.
Sintra en el Romanticismo portugués
El marco inicial fue la publicación del poema Camões, de Almeida Garret, en 1825.
Almeida Garret, que junto con Alexandre Herculano introdujo el Romanticismo en Portugal, evoca Sintra: la “frondosa Sintra”, la “hermosa Sintra”, el “nostálgico retiro”, la “amena estancia, / trono de la lozana primavera, / ¿Quién no te ama? ¿Quién, si en tu regazo / Una hora de la existencia viviese, / Esa hora olvidaría?”.
Muchos otros escritores portugueses han inmortalizado en papel sus impresiones sobre Sintra, este es el caso de Bulhão Pato, Camilo Castelo Branco, Eça de Queirós, António Nobre y Fernando Pessoa, pasando por Raul Brandão, Manuel Teixeira-Gomes, Jaime Cortesão, Aquilino Ribeiro y Vergílio Ferreira. Fernando Pessoa aumentó aún más el aura mística de Sintra al encontrarse en la villa con Aleister Crowley, un místico y mago inglés que vio en Sintra el lugar ideal para el ocultismo.
Debemos mencionar a Ferreira de Castro, que está enterrado en la Serra de Sintra. ¿Existirá actitud más romántica que desear ser enterrado en plena Naturaleza, en el camino que llega hasta el Castelo dos Mouros, junto al caminante?
Sin embargo, es Eça de Queiróz (1845-1900) una de las principales figuras a la hora de describir el ambiente Romántico de Sintra. Casi todas sus obras citan y viven esta atmósfera:
"¡Siempre he adorado Sintra! Ya al entrar, las arboledas oscuras y murmurantes del Ramalhão le transmitían una melancolía feliz. (...) los paseos por Seteais bajo la luna, lentamente sobre la pálida hierba, con largos descansos callados en Penedo da Saudade, contemplando el valle, la arena a lo lejos, iluminada por una nostálgica luz, fantaseada y blanca; las siestas cálidas, a la sombra de Penha Verde, oyendo el rumor fresco y goteante de las aguas que corren de piedra en piedra; las tardes en Várzea de Colares, remando en un viejo bote, sobre las oscuras aguas por la sombra de los fresnos." El Primo Basilio
"El camino entraba por entre dos muros altos paralelos, donde susurraban las ramas murmurantes. Era el Ramalhão. El aire parecía más fino, como refrescado por la abundancia de agua. Se sentía una vaga serenidad de parques y arboledas. Algo suave y elegante circulaba por la atmósfera. Había un silencio de descansos delicados y ociosas existencias. Era el Ramalhão. La Tragedia de la Calle de las Flores
En el vano del arco, como si estuviese dentro de un pesado marco de piedra, brillaba, con la rica luz de la tarde, un cuadro maravilloso de una composición casi fantástica, cual ilustración de una bella leyenda de caballería y de amor. Al principio se encontraba el patio, desierto y verdeante, salpicado de capullos amarillos; al fondo, una hilera cerrada de árboles antiguos, con hiedras en los troncos, formando a lo largo de la reja una muralla de follaje reluciente y, emergiendo abruptamente sobre esa línea copada de bosque soleado, subía en pleno resplandor del día, destacando vigorosamente en relieve nítido sobre el fondo de cielo azul claro, la cima airosa de la sierra, toda violeta oscura, coronada por el Palácio da Pena, romántico y solitario allá en lo alto, con el parque sombrío a sus pies, la torre esbelta perdida en el aire y las cúpulas brillando al sol como si fuesen de oro...". Los Mayas
"Todo ese verano lo pasó en la capital; después en Sintra, donde el negro desaliento de sus húmedos ojos enternecía los corazones." La Ilustre Casa de Ramires
"Después, una mañana, cortando la ondulación azul, divisó la sierra fresca de Sintra; las gaviotas de la playa venían a comunicarme con su grito mi cálida acogida." La Reliquia
"Al día siguiente, en un momento de ternura, queriendo que su felicidad fuese más poética, Godofredo propuso que fuesen a pasar unos días a Sintra. Fue una luna de miel. Estaban en el Lawrence, donde tenían un pequeño salón sólo para ellos. Se levantaban tarde, bebían champán en la cena y se besaban a escondidas, en los bancos, debajo de los árboles." Alves & Cª
Sintra en el Romanticismo Internacional
Los jóvenes estetas del Norte de Europa, por motivación propia o forzados por la fuerza de las circunstancias de una vida accidentada, sentían en el Grand Tour, por las raíces clásicas de Occidente, Italia y Grecia, atravesar los horizontes cerrados, y en los países de Iberia los resquicios de un exotismo de bases medievales y huella morisca. Sintra forma parte de dicho itinerario y provocó la admiración de numerosos hombres de letras. Hacemos mención de los más destacados.
William Beckford, aristócrata riquísimo y culto, autor de la novela gótica Vathek, llega a Lisboa en 1787 y cuando visita Sintra, la definió como "Vasto templo de la naturaleza". En la década siguiente alquiló el Palácio de Monserrate y su finca.
Figura indiscutible del Romanticismo y de Sintra es Lord Byron. Pasó por Sintra en julio de 1809, hospedándose en el Lawrence’s. Además de mencionar a Sintra en sus correspondencias ("Hasta ahora hemos seguido nuestra ruta, hemos contemplado todo tipo de maravillosas panorámicas, palacios, conventos, etc., que narraré en mi próxima obra, Book of Travels, de mi amigo Hobhouse, y que no anticiparé, transmitiéndole cualquier relato en privado y de forma clandestina. Sólo hago constar que la villa de Cintra, en Estremadura, es quizás la más bella del mundo.", extracto de la carta al Sr. Hodgson, 16 de julio de 1809). Sintra queda inmortalizada en la obra de Byron, en el poema Childe Harold’s Pilgrimage, como un edén, un paraíso.
"Lo! Cintra's glorious Eden intervenes In variegated maze of mount and glen. Ah me! what hand can pencil guide, or pen, To follow half on which the eye dilates Through views more dazzling unto mortal ken Than those whereof such things the bard relates, Who to the awe-struck world unlocked Elysium's gates"
Robert Southey, uno de los poetas laquistas (movimiento emblemático del Romanticismo inicial), vivió algunos años en Portugal. Llegó contrariado, pero acabó enamorándose de Sintra: "Nunca contemplé una vista que destruyese completamente el deseo de viajar. Si hubiese nacido en Sintra, creo que nada me tentaría a abandonar sus deliciosas sombras y a atravesar la terrible aridez que las separa do mundo" (Letters Written During a Journey in Spain and a Short Residence in Portugal, 1808). Llegó a considerar a Sintra como el lugar más bendecido del mundo habitado.
Hans Christian Andersen estuvo en Sintra hospedado en la casa de la familia O’Neill, del 26 de julio al 8 de agosto de 1866. Afirmó que “todo extranjero podrá encontrar en Sintra un pedazo de su patria. Descubrí allí Dinamarca. Pero creí reencontrar muchos pedazos queridos de otras bellas tierras....”. “El Palácio da Vila carece de belleza, con sus dos chimeneas acopladas que se asemejan más a botellas de champán.” Pero “diferente, más bello y pintoresco” es “el palacio de verano de D. Fernando”. “Todo el camino de la sierra es un jardín, donde la naturaleza y el arte combinan a la perfección, el paseo más bello que se pueda imaginar.” Monserrate, una “verdadera estampa sacada de las Mil y Una Noches, una imagen de cuento de hadas”. En resumen, “inigualable Sintra, la más bella y considerada parte de Portugal”.
No ha sido sólo en la literatura donde el romanticismo de Sintra ha dejado huella. Richard Strauss, compositor, describió así a Sintra: "Hoy es el día más feliz de mi vida. Conozco Italia, Sicilia, Grecia y Egipto, y nunca vi nada, nada, comparable a la Pena. Es lo más bello que jamás he visto. Éste es el verdadero jardín de Klingsor y, allá en lo alto, está el Castillo del Santo Grial".
Describe el Palácio da Pena como algo que supera "todos los límites de extravagancia. Erguido sobre una peña en el punto más alto de la sierra, el edificio, que parece salir de un cuento de hadas, emerge sobre el verdor con sus vivos colores rojo escarlata y amarillo canario".
La magia de Sintra también contagió al músico Viana da Motta y al pintor Cristino da Silva. Domenico Schioppetta llevó el retrato de Sintra a Italia y William Burnett pintó Sintra para que Inglaterra pudiese contemplarla.
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